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cada dia que pasa voy repitiendo mas y mas el siguiente movimiento: cierro los ojos, fijo la vision rapidamente en otro lado, hago un pequeño movimiento de cabeza como negando. acto seguido vuelvo a focalizar mi mirada a cuarenticico grados de la ultima imagen. como cuando uno se despierta de un mal sueño, como cuando no tenes ganas de ponerte a pensar en la muerte a esa hora, como cuando sabes que no tenes que mirar fijamente el cuerpo inerte sobre el asfalto y focalizas en la rueda del auto o en como quedo la carroceria.
cada momento que pasa el mundo me parece mas desagradable, mas horrible, cada modelo, cada cosa a retratar con la que me enfrento me producen un estado de repulsion que me obliga a correr la cara una fraccion de segundo; puede ser un gesto, la forma de un peinado, alguna imagen que se superpone a otra imagen ya registrada, lo siniestro que se esconde en esa repeticion de formas, situaciones, loops, sesiones que nunca se acaban donde pareceria ser que todos los dias son el mismo dia.
y entre toda esa basura, tengo que encontrar algo bello, algo en lo que desperdiciar unas tomas porque asi lo pide el cliente, asi lo pide mi ojo, la subjetividad e independencia que adquirio mi ojo, me hacen extrañar algun tipo de realidad objetiva a la cual aferrarme.
hago sesiones completas disparando las tomas en rafagas, todo sea por acabar con una produccion de forma mas rapida. cuando descargo las imagenes, ya dejan de ser lo real, son ese registro de algo, de un tiempo, de hace un rato. borro fotos de a doscientas, de a quinientas.
haga la seleccion que haga el cliente quedara satisfecho. el ojo del cliente es un ojo mediocre. a veces me siento culpable de ser parte del engranaje. ya no intento ir contra la corriente, se que mis estandartes de belleza no son comercializables.
el mundo se va convirtiendo en una entidad mas horrible, mas desagradable. el mundo en ultima instancia no deja de ser una amalgama de clientes y usuarios que sin prisa ni pausa, afean todo a su paso.